En Argentina los adolescentes se inician sexualmente, en promedio, entre los 14-15 años y el 80% de ellos no usa preservativo en la primera relación sexual.

Si las adolescentes no han recibido la información correcta, si no hablaron de sexo en sus casas, si con suerte sólo han tenido una charla de educación sexual en la escuela, cómo pretendemos que sepan cuidarse bien y puedan decidir con convicción cuándo empezar a tener relaciones sexuales?

Los adultos no hablan de sexualidad con sus hijos.

Según una encuesta de la Fundación Centro Latinoamericano Salud y Mujer, realizada a padres y a sus hijos adolescentes sobre educación sexual transmitida y recibida, el 100% de los padres y madres dijeron que habían dado educación sexual a sus hijos.

Pero al preguntarles a sus hijos, el 100% manifestó no haber recibido educación sexual de parte de sus padres. Claramente, lo que ambos grupos perciben como educación sexual es muy distinto. Por otro lado lo poco que se transmite a veces llega tarde, cargado de mitos y tabúes.

Algunos padres sostienen la falsa creencia de que hablar de sexo y anticoncepción con sus hijos es una manera de darles permisos y estimularlos para iniciarse, pero no es así.

En otra encuesta, el 70% de los adolescentes, luego de manifestar que sus padres no querían que ellos tuvieran sexo, admitieron que igualmente se iniciarían cuando tuvieran ganas de hacerlo. Y la realidad así lo demuestra. El deseo, la curiosidad, las emociones y sensaciones los llevan a iniciarse y cuando quieren hacerlo, lo hacen.

¿Qué papel cumple el grupo de pares?

También está el grupo de amigos. Hablan entre ellos para saber quién empezó, quién se animó, cómo fue la cosa. Es muy fuerte la presión del grupo para “debutar” lo antes posible y la presión de algunos varones para que la chica en cuestión diga que sí.

Teniendo relaciones sexuales se asegurarían una identidad masculina indudable. Entre las chicas la presión es para ver quién fue la primera, quien será la más experimentada, la más deseada, la más popular. Presiones y estímulos no les faltan. Lo que falta es cuidado, información, prevención, consciencia y ejercicio del derecho que tienen los jóvenes a decir que no, a decidir desde ellos mismos cuando y con quien iniciarse.

Entonces, ¿Qué podemos hacer?

Desde el año 2006, existe una ley que ordena dictar educación sexual en las escuelas. Lograr que esto se cumpla de manera integral, en los primeros años de escolaridad y que llegue a todos los jóvenes de nuestro país, ha sido hasta ahora bastante difícil de implementar.

Por eso quien debe tomar la posta en el cuidado de sus hijos es la familia.

Los padres pueden brindar las herramientas para que sus hijos se cuiden sin dar discursos, ni monólogos catedráticos o represores, sino dialogando, escuchándolos, generando confianza, transmitiendo valores y, facilitándoles el acceso a una consulta médica a solas, ya que la presencia de alguno de los padres en la consulta puede entorpecer la relación adolescente-ginecólogo.

Licenciada Andrea Gómez
Psicóloga- Sexóloga – Especialista en educación sexual.