La fiebre es un mecanismo de defensa del organismo frente a las infecciones, por eso no hay que bajarla de inmediato.

Generalmente la fiebre, al igual que los vómitos, la diarrea, la mucosidad nasal o la tos, es un signo de que el organismo está luchando contra una infección  . No debemos darle más o menos importancia que la que tiene. Cuando un germen activa las defensas del organismo (sistema inmunológico), son muchas las reacciones que ocurren. La fiebre es un signo de esas reacciones. No es una enfermedad en sí misma.

La temperatura normal del cuerpo es de 37 °C, aunque puede variar ligeramente a lo largo del día. Si la temperatura de su niño es más alta que lo normal, indica que tiene fiebre.

¿Fiebre o febrícula?

La fiebre, principal causa de consulta médica en los niños, se dispara en invierno debido a las infecciones (otitis, gripe, laringitis, bronquitis, etc.). Dentro de éstas, las causadas por virus son las más frecuentes: representan más del 90%. Pero a veces lo que tiene el niño es febrícula (de 37º C a 37,5º C) y no necesita ser tratada. Según el pediatra, se considera fiebre si el termómetro marca más de 37,5ºC en la axila y más de 38º C en el recto.

¿Hay que bajar rápido la fiebre?

Lo más habitual es que, en cuanto el termómetro marca 38º C, se administre sin demora un antitérmico. Sin embargo, los consejos de los expertos van por otra línea: “El cuerpo eleva la temperatura para defenderse de los virus y bacterias que provocan la infección. Si el pequeño presenta buen estado general (no tiene escalofríos, ni somnolencia, ni decaimiento), no hay que bajarla para dejar que cumpla su función”.

El antitérmico puede ser un arma de doble filo: hace que el niño se encuentre mejor al disminuir la temperatura, pero al mismo tiempo evita el mecanismo natural de defensa contra la infección. Muchas veces, la infección se alarga en el tiempo porque se baja de manera sistemática la fiebre y no se deja que actúe. Por eso es más importante valorar el estado general del niño que su temperatura. Cada niño responde de distinta manera a las infecciones: ante un mismo virus, unos pueden cursar con fiebre y otros con febrícula o incluso sin nada

Excepción a la regla

Hay niños que presentan convulsiones cuando tienen fiebre. En estos casos, sí se recomienda controlar la temperatura con más frecuencia y administrar el antitérmico en cuanto empiezan con febrícula. Las convulsiones suelen alarmar mucho a los padres porque se caracterizan por pérdida de consciencia junto a movimientos corporales incontrolables, rigidez generalizada o flacidez de todo el cuerpo. Si le ocurre a tu hijo, túmbalo sobre una superficie blanda, con la cabeza de lado, alejado de muebles u objetos con los que pueda golpearse. Y no le des ningún medicamento mientras dura la convulsión, espera a que pase.

Es esencial cuidar el bienestar del niño

La principal recomendación con un niño con fiebre es no exponerlo a cambios bruscos de temperatura: no le pongas paños de agua fría ni lo bañes en agua fría, porque el contraste de temperatura es tan fuerte que, en algunos casos, puede provocar convulsiones. Además, muchas veces, tras el baño hay un efecto rebote: la temperatura vuelve a subir con más fuerza.

Mantenga al niño vestido con ropas livianas. La mayor parte del calor corporal se elimina a través de la piel, por lo tanto, al vestirlo o arroparlo en exceso puede causar el aumento de la temperatura y hacer que el niño se sienta más molesto. Si el niño tiene escalofríos, cúbralo con una manta liviana. Mantenga la temperatura de la habitación a un nivel que sea confortable para usted, vistiendo ropas livianas.

La fiebre hará que el organismo de su niño pierda un poco más de fluidos (líquidos), por lo tanto haga que el niño beba más líquidos. El agua o las bebidas frescas pueden ser beneficiosas, pero en realidad no importa si lo que bebe está frío o caliente.

Cuándo llamar al pediatra

Llame inmediatamente al pediatra o diríjase a una clínica o al servicio de urgencias inmediatamente si:

  • su niño es menor de 3 meses de edad
  • usted ha regresado recientemente de un viaje al exterior
  • la fiebre es superior a 40 °C
  • el niño presenta una erupción similar a pequeños puntos de color púrpura que no desaparecen al aplicar presión con los dedos (blanqueo)
  • el niño no retiene líquidos y parece estar deshidratado
  • la piel del niño está muy pálida o de color gris, o está fría o moteada
  • su niño siente dolor constante
  • el niño está aletargado (muy débil) o tiene dificultad para despertarse
  • tiene el cuello rígido
  • sufre una convulsión asociada a la fiebre
  • parece estar constantemente confuso o delirante
  • no mueve un brazo o una pierna normalmente o se rehúsa a pararse o a poner peso sobre las piernas
  • tiene dificultad para respirar
  • llora continuamente y no hay forma de calmarlo

Llame en un lapso de 24 horas si:

  • su niño tiene entre 3 y 6 meses de vida
  • tiene un dolor específico, como dolor de oídos o de garganta que pueda requerir una evaluación
  • tiene fiebre desde hace más de 3 días
  • la fiebre desapareció durante más de 24 horas y regresó
  • el niño presenta una infección bacteriana que se está tratando con antibióticos, pero la fiebre no desaparece luego de 2 ó 3 días de haber comenzado a tomar los antibióticos
  • su niño llora cuando va al baño
  • la orina del niño tiene mal olor
  • usted tiene otras preguntas o inquietudes