Los expertos destacan que la clave para el tratamiento del melanoma es el reconocimiento temprano de los síntomas, por lo que también es clave prevenir.

La prevención, crucial en cualquier tema médico, lo es también a la hora de evitar, o tratar lo antes posible, un posible caso de cáncer de piel.

Mejor prevenir.

Las personas que se exponen de forma excesiva a las radiaciones ultravioletas tienen un mayor riesgo de contraer cáncer de piel. Tomar sol con protección solar, y nunca a las horas en que más calienta, es importante para evitar dañar la piel.

Es muy importante saber que cualquiera puede padecer cáncer de piel. Si tiene dudas sobre alguna mancha en su piel, consulte a su dermatólogo, piden los especialistas. En todo caso, hay que estar alerta por si aparece algún síntoma cutáneo para tratarlo. Un diagnóstico precoz será clave. La aparición de un lunar, el cambio de tamaño, forma o color de un lunar previamente existente es uno de los síntomas de alerta. También deberemos observar si algún lunar sangra o si pica, se hincha o aumenta su sensibilidad.

Las lesiones sospechosas deben extirparse siempre que sea posible, y el tratamiento quirúrgico en la zona consiste en extirpar las células cancerosas y el tejido circundante. La cantidad de tejido a extirpar dependerá fundamentalmente de la profundidad del melanoma.

Cuando el cáncer se disemina a ganglios linfáticos cercanos, posiblemente también sea necesario extirparlos, y cuanto antes, mejor. Para los pacientes con melanoma a los que se les haya diseminado más allá de la piel y afecte a los ganglios linfáticos cercanos o a otros órganos, el tratamiento consistirá, generalmente, en disminuir el tamaño del tumor y mejorar los síntomas.

En estos casos en que sea necesaria la intervención quirúrgica, la radioterapia podría completar el tratamiento en casos de afectación de múltiples nódulos y cuando la localización sea la cabeza o el cuello.

Primero, al médico de cabecera.

El primer paso si alguien detecta una mancha cutánea sospechosa, o cualquier mancha que antes no estuviera ahí, es visitar al médico de cabecera, que examinará la piel y decidirá si necesita ser evaluado por el especialista en dermatología.

El dermatólogo, tras explorar la lesión, valorara la necesidad de realizar una dermatoscopia y una biopsia posterior. El dermatólogo realizará el análisis de estructuras que no son visibles a simple vista y que permiten un diagnóstico más certero en muchas ocasiones. Se trata de la observación de la lesión sospechosa a través de una lente de aumento, lo que permitirá averiguar si las lesiones deben o no ser objeto de una biopsia o si deben o no ser extirpadas.

En algunos casos en que se realiza una biopsia, se trata de una pequeña operación en que se quita el lunar ‘sospechoso’ de la piel para que pueda ser estudiado en profundidad, una exploración que permite obtener el diagnóstico de confirmación.

En caso de confirmación de un cáncer de piel, habrá que comprobar la extensión del tumor complementando la exploración con radiografías, ecografías o escáner, lo que determine el especialista.